
Hoy le cederé la voz a un amigo que prefiero mantener anónimo nomás porque así lo quiero...
Las imágenes del deseo
no se perciben gracias a la luz.
Quizá son como un suspiro desconocido
que es una voltereta de fuego
soluble en el aire
que está entre los ojos y el infinito.
Las imágenes del deseo
no se confunden con el viento.
Seguramente son astillas de cristal,
que quebrantado y frágil,
toma fina venganza
con púas clavándose en la mente.
son tan imaginarias
que son diminutas,
son tan diminutas
que gritan la imposibilidad de estar completo.
A las imágenes del deseo
no les importa morirse sin vivir.
En eso radica su naturaleza:
en ahogarse cuando hay aire,
en quemarse cuando hay agua,
en destrozar la carne sin tocarla,
sin tener ningún respeto
por el pudor de lo imposible.
A las imágenes del deseo
sólo les importas tú, no yo.

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